Las peores formas de trabajo infantil

El Convenio número 182 tiene que ver con las peores formas de trabajo infantil. Dentro del artículo 3, se abarcan las siguientes actividades:

 

La esclavitud y prácticas similares como la trata infantil, la servidumbre por deudas, la condición de siervo, el trabajo forzoso y los niños en conflictos armados.

La esclavitud: sin distinción de edades, se da cuando una persona se vuelve “propiedad” de otra, para quien está obligada a trabajar, sin derechos sobre su condición. Quienes se encuentran bajo esta actividad, son retenidos contra su voluntad desde el momento de su captura, compra o nacimiento. No se les permite abandonar ni rechazar el trabajo al cual han sido designados por sus “dueños”.

La trata infantil: es el comercio ilegal de niños y adolescentes para su explotación sexual o laboral, ya sea esta por compra, venta y/o traslado. El tráfico de niños los ubica en situaciones de trabajo forzoso, prostitución, mendicidad o incluso en reclutamiento para conflictos armados.

La servidumbre por deudas: ocurre cuando se ofrece mano de obra a cambio de saldar un préstamo que no se puede cancelar en efectivo o en especie. El más claro ejemplo se da cuando una familia pobre entrega a uno de sus hijos como pago de una deuda. El niño debe trabajar hasta saldarla, lo que equivale al trabajo forzoso.

El trabajo forzoso: es el que se obliga a realizar a alguien contra de su voluntad. Una de las formas más repudiadas es aquella en la que se expone a los niños a conflictos armados, para combatir o servir e cocineros, mensajeros o cargadores. Los menores son víctimas de maltrato y explotación, al mismo tiempo que se les exige que maten o mutilen a otras personas.

La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para trabajo sexual o pornografía infantil.

La explotación sexual implica el maltratar, abusar o sacar ventaja de alguien con afán de lucro o beneficio personal, involucrándolo en la prostitución o en actividades de comercio sexual.

Además de convertirse en objetos de explotación sexual al ser utilizados por adultos para el sexo o a producción de pornografía, hay niños que son comprados o vendidos como parejas de matrimonio, para la prostitución o esclavitud sexual, además de las actividades de secuestro y tráfico que suelen provocar estas situaciones.

La participación de niños en actividades ilícitas, como la producción y el tráfico de estupefacientes.

Las actividades ilícitas son actividades ilegales o delitos, propiamente dichos. Los niños en esta situación, generalmente se exponen a formas de violencia que pueden afectar gravemente su desarrollo mental y físico. Tienen mayor probabilidad de sufrir depresión, problemas de identidad y dependencia de alcohol y/o drogas, así como de convertirse en delincuentes juveniles.

Otra de las formas de las actividades ilícitas más utilizadas es la mendicidad organizada, donde en ocasiones se desfigura intencionalmente a los menores para atraer más dinero o se los castiga si no logran recaudar la cantidad esperada.

La producción y el tráfico de estupefacientes: puede que los niños trafiquen contra su voluntad o bajo la creencia de que les facilitará una mejor posición o les ayudará a generar más dinero. Quienes son expuestos a esta actividad ilícita, corren el riesgo de recibir maltrato y convertirse en drogodependientes desde muy corta edad.

El trabajo que pueda afectar la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

Puede tratarse de tareas en un entorno peligroso, como por ejemplo en una mina, donde los niños pueden lesionarse o incluso morir debido al colapso del lugar, por explosiones accidentales o desprendimiento de piedras. Si hablamos del sector industrial, los niños pueden exponerse a componentes químicos o sustancias peligrosas que pueden provocar en ellos heridas graves, quemaduras o desarrollar deficiencias crónicas.

En la mayoría de los casos los niños no disponen de equipos de seguridad o utilizan equipos de adultos que no les brindan la protección adecuada para las actividades en cuestión o no garantizan su seguridad.

Los trabajos que obligan a los niños a forzar posturas, arrastrarse por espacios reducidos o realizar cargas excesivamente pesadas, son físicamente nefastos para su salud. Asimismo, el exponerlos a condiciones meteorológicas adversas sin el calzado o indumentaria adecuados, puede provocar fácilmente enfermedades en los menores.

También corren peligro cuando el lugar en que trabajan es insalubre, está mal iluminado o mal ventilado, no cuentan con servicios sanitarios ni agua potable. En estas condiciones los niños son propensos a contraer enfermedades y dolencias comunes.

Estas categorías contemplan aspectos difíciles, pero que se dan con frecuencia en todas partes del mundo y afectan a niños y adolescentes de todas las edades. Se tratan de situaciones que interfieren con la educación de los menores y que puede volver a sus familias dependientes los ingresos que esas actividades pueden generar, dejando de lado el bienestar de quienes importan.

Fuente: OIT (texto adaptado)

 

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